miércoles, 11 de abril de 2018

MANIFIESTO POR LA DIGNIDAD DEL TÍTERE

El Maestro Iván Darío Álvarez Escobar, del prestigiado grupo La Libélula Dorada de Colombia y artista universal del Arte de los Títeres nos brinda con oportunidad y pertinencia esta reflexión que tomamos al vuelo y hacemos propias sus palabras. 





Nosotros los títeres, descendientes de los múltiples dioses, de los ritos sagrados y de la magia, venimos a proclamar a los cuatro vientos del mundo, nuestro más sentido cansancio porque se nos viva comparando, sobre todo, en épocas de elecciones, con los políticos de turno.

Por tanto pensamos que esa pretendida semejanza ofende nuestra milenaria dignidad poética.

Nosotros somos criaturas del aire, hijos del viento y de las estrellas, provenientes de las remotas galaxias de la infinita fantasía. Somos los escultores de los más hermosos sueños de infancia. En cambio los llamados políticos profesionales, son seres mundanos, la mayoría de las veces corruptos, terribles oportunistas, que se amparan en el descarado ejercicio del poder para ponerse al servicio de los más mezquinos y oscuros intereses. Su naturaleza egocéntrica y ambiciosa, los convierte en seres mentirosos y demagogos por excelencia. Ellos dicen representar a la gente, pero la verdad es que suelen representarse así mismos. Se muestran como imprescindibles salvadores de esa abstracción llamada patria, pero viven de las ilusiones, de la orfandad, de la impotencia, de la incapacidad colectiva de los humanos, para resolver sus propios problemas.

Los políticos carecen de imaginación, de humor, de generosidad, de grandeza ética. Más bien son traficantes de los sueños y de las necesidades. Nosotros los títeres no engañamos a nadie. Jamás prometemos nada. Nuestro único deseo es agradar, seducir al público y en lo posible hacerlo reír o pensar, mofándonos de todo lo humano y lo divino o de toda forma absurda de autoridad o de poder.

Por ello desde lejanos tiempos fuimos perseguidos por reyes o dogmáticos clérigos, cuando andábamos con los juglares y comediantes de nuestro arte, de pueblo en pueblo y de feria en feria. Desde antaño títeres y titiriteros formamos una unidad y conspiramos a dúo. Somos una leal cofradía utópica y solo servimos a la libertad.

Por eso proclamamos que compararnos con los políticos no esa justo, ni corresponde con la verdad. Nosotros tenemos nuestra propia voz y no carecemos de carácter ni de voluntad propia. Somos fieles a nuestro personaje desde que nacemos, hasta que morimos. Muy contrario a lo que le sucede a los políticos. Ellos son seres camaleónicos, manipuladores o manipulados, siempre dispuestos a vender el alma al diablo o al mejor impostor.


¡No! ¡No somos de la estirpe de los políticos!
¡No más abuso ni manoseo a la palabra títere!
¡No queremos que se nos diga más que los políticos lacayos, son títeres del imperialismo o de la burguesía!
¡El títere nace libre pero los humanos lo corrompen!
¡Somos títeres libertarios! ¡Abajo el irrespeto, viva nuestra dignidad!


Iván Darío Álvarez Escobar

viernes, 23 de junio de 2017

COCO (1917 - 1999) Modista del Guiñol.


Un tributo en el Centenario de su Natalicio.

23 de junio de 1917 - 29 de enero de 1999





Lo esencial es invisible para los ojos
-dijo el Zorro al Principito



Nunca dejaremos de reconocer y admirar el arte que entraña al teatro guiñol; a la infinidad de personajes que han conformado nuestra historia; a la calidad, generosidad y bonhomía de su destino hacía el público. Para nosotros, todas ellas, son ejemplares.

Y ¿qué decir de aquellos que han sido brillantes faros con luz propia que en su esencia irradian la imposibilidad de verse opacados? Se conoce de hombres y mujeres que al iniciar en esta obra –y aún aquellos que la continúan–, han sido señalados por la historia con la más alta distinción que puede tener un artista titiritero.

Sabemos también que durante todas las épocas y –estamos seguro de ello– en casi todos los grupos, existen personas que calladamente desde el anonimato construyen, edifican y contribuyen sustancialmente al éxito de sus colegas; a aquellos que dan la cara, y a los que reciben los aplausos y reconocimientos.

El teatro de títeres es un ejemplo clarísimo de esto. Comúnmente hay casos en los que los rastreadores de los pasos que dejan esas profundas huellas no saben –o no quieren saber– quién las imprimió. Tal es el caso de una persona excepcional; una mujer admirable que, quienes la conocieron, darán constancia de lo que escribo. Es por eso que en este espacio de diálogo, dedicado al quehacer titiritero y que nos ha brindado la oportunidad para hacer públicas nuestras modestas pero sinceras aportaciones, rendimos tributo, en el centenario de su natalicio, a Socorro Góngora Torres, COCO.

Socorro Góngora Torres, "Coco"

Coco fue esposa del titiritero José Díaz Núñez –de quien ya hemos hablado en este blog bajo el título Maestro Pepe–; su compañera incansable y creadora de los vestuarios de todos sus títeres. 

Algunos de los títeres vestidos por Coco

Narrar parte de su historia es, para nosotros, de mayor relevancia, pues con estas palabras damos un emocionado homenaje a una mujer de infinita humildad y gran sensibilidad. Podemos, sin lugar a dudas, decir que esta historia sale por primera vez a la luz con el reconocido valor que tiene para la tradición del teatro guiñol.

El Maestro Pepe gozó del prestigio nacional e internacional en el universo de los títeres y siempre fue elogiado por la calidad de sus creaciones; pero honor a quien honor merece y sin menoscabo del valor de su obra, no podemos soslayar el hecho que, él sólo, no habría tenido dicho reconocimiento sin el soporte incondicional de su leal pareja. Pepe –tomando el atrevimiento de tratarlo con la confianza que nos ofrece su generosa personalidad– construía las cabezas, las manos y, en ocasiones, los pies de sus muñecos. Y, cuando técnicamente lo requerían, ponía en práctica los ingeniosos recursos aprendidos de sus maestros guiñoleros; pero el vestuario, la peluquería, el atrezo y los acabados generales de “sus” creaciones los realizaba Coco – nombrada así cariñosamente por quienes la trataron–.

Coco fue una de tantas mujeres que sembraron una semilla, pequeñita, pero bien arraigada que con el correr del tiempo, cariño y cuidados se convirtió en una monumental ceiba que, sin duda, fue esparciendo cada triunfo envueltos en esa esponjosa lana que, con ayuda del viento, ha llegado a germinar en otras partes.

Soldado para "Meñique y el gigante"

El arte de la costura la trae desde su primera juventud, en Valladolid, Yucatán, México; su tierra natal, una hermosa ciudad colonial donde se dio la primera chispa de la Revolución Mexicana el 2 de junio de 1910 –un dato que los rastreadores de huellas no han querido reconocer– pero esa, es otra historia.


Bertoldo, el bufón de "La cabeza del dragón"


Decíamos que Coco comenzó muy joven en el arte de la costura, de manera autodidacta, en una esquina de su casa paterna por donde veía pasar a Pepe Díaz, que en aquel tiempo (1932) era su novio y quien años más tarde se convertiría en su compañero de vida. 

En 1939 Pepe viajó a la isla de Janitzio en el estado de Michoacán invitado por el artista plástico y titiritero Ramón Alva de la Canal, para que lo ayudara a pintar el gran mural del Monumento a José María Morelos con la promesa de regresar al término del trabajo. Su estancia iba a ser por un mes aproximadamente, pero el “plazo” nunca se cumplió. La relación amorosa era, entonces, epistolar y así se mantuvo los siguientes diez años (1949), hasta que él, que ya trabajaba en el Teatro Guiñol del INBA, viajó con el Grupo El Nahual a Yucatán y se reencontró con Coco. Tras una breve estancia en el estado, Pepe volvió a la Ciudad de México con el grupo de titiriteros y la relación epistolar continuó durante un año más (1950). Una relación de18 años de noviazgo (1932-1950) Eso no hace más que mostrarnos su entereza y determinación. En 1950, al casarse –por poder, aunque no lo crean– viajó a la capital, la gran ciudad, porque ahí vivía su flamante esposo y descubrió de su mano el maravilloso mundo de los muñecos animados. Justo ahí comienza esta gran historia.


Coco, 1950, ca.

Las tareas de producción de los grupos en ocasiones se veían rebasadas y Coco contribuía con sus conocimientos en costura para la realización de los vestuarios sin ser parte –oficialmente– del personal de los grupos del INBA; poco más tarde, se ganó el cariño de sus integrantes.


Príncipe Ajonjolí de "La cabeza del dragón"

Coco era una persona con gran calidez humana, disposición y generosidad aun en los momentos de sacrificio, en esos en los que se debe entregar todo el esfuerzo sin desmayo, en aquellos donde se debe redoblar el trabajo. Ella pensaba que se debía tomar al toro por los cuernos: llenos de angustias, pero con alegría. Así comenzó a confeccionar los vestuarios de los personajes que se usarían en los cuentos e historias en los que participaban Pepe y sus compañeros.


Emperador de "Los dos ruiseñores"

La grandeza de Coco residía en su humildad ya que fue su propia maestra y supo crecer y acentuarse con tenacidad y noble obstinación. En ella no había desperdicio. Fue una mujer que hablaba con palabras concisas, de esas que alientan a crecer y seguir el camino de la vida.

Conocerla y recordarla nos hace sentir que este mundo tiene aún personas con sentimientos nobles y sin malicia; nos hace sentir que sólo con voltear a nuestro lado podemos encontrar a los que son capaces de inspirar una profunda confianza en la cual uno se puede refugiar con total honestidad sin miedo a estar en un vacío y poder descubrir a quienes siempre tendrá una palabra de aliento. Así de contagiosa era su generosidad.


Coco, una artista que tiene un lugar ganado
en el seno de nuestra comunidad titiritera. 

Coco siempre estará presente en nuestros pensamientos, en nuestras vidas. Coco, la extraordinaria modista del guiñol que, con la clara sutileza de mujer, va detallando aquellos vestuarios con determinación. Su recuerdo y enseñanzas van haciendo más honda y profunda la huella de sus pasos para los que conocen su obra. Una artista que tiene un lugar ganado en el seno de nuestra comunidad titiritera.

Siempre fue una mujer modesta, pero con la satisfacción en el rostro y una sonrisa en los labios; saboreó el exquisito fruto del deber cumplido como maestra, como madre y como mujer que amó a su terruño adoptivo que, con sumo placer, aportó un grano de arena para la elevación cultural de las actuales generaciones y de las por venir en el maravilloso arte de los títeres.




A cien años de su natalicio volvemos la mirada hacia atrás y nos encontramos con un florido camino, exuberante, pletórico de resultados positivos, generosos y favorables...


¡Gracias!


jueves, 15 de junio de 2017

A 70 años de distancia... Una historia peculiar.

Compartimos con ustedes el texto de la crónica que publicó el poeta venezolano, Héctor Guillermo Villalobos, el 10 de marzo de 1947, con motivo de la llegada de el Grupo El Nahual del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), de México, a Caracas, Venezuela, invitados por el Ministerio de Educación de ese país hermano.


Nota: La inserción de las fotos es nuestra.




Murciélago, de "Botón de Oro y la Luna"



TÍTERES PEDAGÓGICOS

Por Héctor Guillermo Villalobos (*)


De izquierda a derecha: Pepe Díaz, Marcos González,
Guillermo Torres López, Roberto Lago y Lola Cueto.

El miércoles por la noche en el Centro de Cultura Popular, asistimos a un espectáculo que ya teníamos casi olvidado. Una exhibición privada de Teatro Guignol, organizada por el Patronato Nacional de Alfabetización. Se presentó el conjunto mexicano recién llegado a nuestro país, bajo la dirección del veterano Roberto Lago. Son catorce años de fervorosa experiencia, de tenacidad ejemplar los que lleva esta gente mexicana en la rigurosa disciplina del Guignol. Catorce años de magisterio popular, bajo la bandera alegre de la Revolución, que en su patria sigue cumpliendo obra reparadora y gigantesca. Han venido a Venezuela como misioneros de un arte viejo y sin embargo revolucionario. Los tradicionales muñecos de siempre, con su gracia un poco estereotipada, han encontrado nuevos compañeros en tierras de América. Y sin duda llegará el día en que ésta pueda también exportar su Guignol, renovado, diversificado, enriquecido con tipos y costumbres rebosantes de originalidad. Para que aprendan a conocernos mejor aquellos que, precisamente nos interesa más que nos conozcan: los hombres, las mujeres y, sobre todo, los niños de otras lejanas patrias… Por ahora, es ya algo muy positivo que sea de México y no de Estados Unidos o de Europa de donde nos llegue a sembrar ejemplo y afán de emulación esta embajada guignolesca plena de buena voluntad, 

Gladys de Rodríguez con "El lobo", en proceso.

El miércoles tuvimos ocasión de admirar auténtico arte popular en 
los muñecos que dirige el señor Lago. En lo que toca a la técnica es magistral el manejo de los títeres. Las voces justas, admirablemente exactas. El movimiento escénico no deja nada qué desear. El grupo tiene un dominio tal y revela un acoplamiento tan armonioso, que pensamos no tiene nada que envidiar a los más destacados conjuntos de otras naciones de mucha más antigua tradición en el género. Y el secreto está, dese luego, en lo que el Director nos refirió acerca de la manera como este grupo de escritores, actores, pintores –él mismo desde que se inició en 1933- ha trabajado en lo suyo, al calor del más acendrado afecto y de la comprensión más estrecha entre sus integrantes. En esas condiciones –tan raras entre nosotros- es claro que puede cuajar en algo tan efectivo como “El Nahual” el más ambicioso proyecto artístico. Pero con la mezquindad, el egoísmo, la inconstancia y el interés inconfesable –descontando la falta de verdadera cultura, falta propicia al desarrollo del mal gusto- es poco o nada lo que puede lograrse en este o en cualquier otro campo.

El escultor Eduardo Francis con "El leñador"

Después de la simpática e interesante exposición del señor Lago acerca de los antecedentes y desarrollo histórico del Guignol en México, fueron presentadas las piezas El Gallito Vanidoso, El Baile de las Calaveras, el estupendo romance folklórico ¡Ya viene Gorgonio Esparza!, escenificado por [Antonio] Acevedo Escobedo, y el juego infantil El Nahual. Todo el fresco mundo de la fábula revive de nuevo en las encantadoras figurillas de los animales que hablan y razonan, con más gracia y lógica que muchos humanos. El mundo parlanchín del gallinero se pone al servicio de la generosa campaña alfabetizadora en una entretenida comedia llena de color criollo y de ingeniosos chistes aldeanos. El movido “jarabe”, bailado por paisanos que son calaveras, bate, como dentro de una olla de greda, lo pintoresco y heroicamente macabro de la tradición campesina mexicana, con el entusiástico ritmo que no tiene un solo momento de indecisión ni de reposo.

Pero lo que para muchos de los asistentes constituyó una verdadera revelación de extraordinarias posibilidades del Guignol fue la versión dramática del “corrido” ¡Ya viene Gorgonio Esparza! Es algo de un efecto sencillamente asombroso. El realismo y el color en los diversos momentos de la vida y muerte del héroe legendario del Bajío; el movimiento escénico de los personajes, la ejecución acabada de los caricaturescos títeres, los decorados modernos, todo, en fin, contribuye a hacer de esta pieza una pequeña obra maestra del tabladillo guignolesco. En los intermedios entre uno y otro cuadro, los trozos cantados del añejo romance que rememora las hazañas sangrientas del bandido, van haciendo correr, a la vera de las escenas, el hilo continuo del relato romancesco. Entre todas ellas, hay una especialmente, en la que alcanza un grado insuperable la técnica dramática de los animadores de este Guignol. Me refiero a la escena de la noche del aquelarre en que las brujas ensalman y presiden el nacimiento del demoniaco Gorgonio. En ella, el efecto logrado al sugerir serpientes con las manos simplemente enfundadas y animadas de movimientos ondulantes, es estupendo.

El escritor Marcos González y su "Payasito"

Para finalizar, la ronda infantil de El Nahual pone una pincelada candorosa y risueña después del sombrío relato de crímenes y venganzas. La algaraza de los animales del campo nos regresa a la infancia, a la poesía de la vida, al bosque maravilloso de los cuentos y de los sueños.

Nos quedamos meditando acerca de las infinitas posibilidades que se abren a la pedagogía y en especial a la entusiasta campaña de alfabetización de adultos -¡cómo ha de llegarle esto a la gente sencilla de nuestros campos!- con este instrumento precioso que es el teatro de títeres. Estamos seguros que el Ministerio de Educación Nacional sabrá aprovechar al máximo la presencia y colaboración fraterna del conjunto “El Nahual”. Pero también quisiéramos que la permanencia de estos artistas y pedagogos mexicanos nos dejara algo más positivo. El adiestramiento de un grupo de aficionados inteligentes de las filas del magisterio nacional –y hay muchos- que aseguraran la continuidad de un movimiento semejante al de México, al de España. porque quizá la mejor de las cátedras, hoy por hoy y para las grandes masas a quienes necesitamos conquistar primero y alfabetizar después sea el endeble, improvisado y mágico tabladillo de un teatro de títeres. En ellos, como en los inolvidables cuentos de Calleja, de Parrault, de Andersen, como en los muñecos y animalejos del genial Disney, reside el secreto de la recuperación de este hombre desgarrado que es hoy el habitante infeliz de un mundo loco. Es posible –y, ¿por qué no?- que el espíritu incontaminado de los niños salve al hombre y al universo de la crueldad y de la estupidez actuales y de este espantoso final de tragedia griega que todos nos la pasamos presintiendo, pero que a veces, aturdidamente, nos empeñamos en disimular o en olvidar.


De izquierda a derecha: Eduardo Francis (Escultor), Gladys de Rodríguez (Maestra),
Elybeth Hernández (Maestra), Roberto Lago (Director del Grupo El Nahual),
Leticia Escobar (Maestra), Lola Cueto (Directora del Grupo El Nahual),
Elsa Escobar (Maestra) y Marcos González (Escritor).

Den todo lo que sepan y puedan los ilustres titiriteros pedagógicos del México revolucionario, que su memoria se conservará siempre fresca entre los nuestros y los niños venezolanos.


Cabezas y fundas en el taller.











(*)Villalobos, Héctor Guillermo (1911-1986).
Poeta, periodista, pedagogo y político venezolano, nacido en Ciudad Bolívar el 20 de julio de 1911, y fallecido en Caracas el 23 de mayo de 1986. Autor de una brillante producción poética que, hondamente arraigada a las costumbres y las formas de vida de sus compatriotas, exalta el sentimiento amoroso y lo convierte en el eje en torno al cual gira el universo, está considerado como una de las voces líricas más destacadas de la literatura venezolana del siglo XX.
Humanista fecundo y polifacético, cursó estudios superiores de Letras y se graduó como profesor de Lengua y Literatura Española en 1936. Compaginó, a partir de entonces, sus labores docentes con una intensa dedicación al periodismo, faceta en la que sobresalió por sus artículos publicados en la revista Oriflama y, años después, por la fundación del rotativo El Luchador. Al mismo tiempo, mantuvo una tenaz y fructífera dedicación a la vida pública de su nación, en la que fue llamado al Congreso de la República en calidad de representante del Estado Bolívar; posteriormente, fue elegido presidente de dicho estado (1946) y acabó desempeñando elevados cargos dentro de la política nacional, como los de Director de Enseñanza Primaria y Secundaria y Ministro de Educación.
En su faceta de escritor, Héctor Guillermo Villalobos alcanzó un merecido prestigio por algunos poemarios tan elogiados por la crítica y los lectores como En soledad y en vela (1954), Mujer: tú eres la madre tierra (1963) y Barbechos y neblinas (1973). Considerado por algún estudioso de su obra como "el poeta que maneja el romance con mayor destreza en Venezuela" (Armas Chitty), obtuvo, merced al cultivo de este molde estrófico tradicional, algunos galardones tan relevantes en el panorama literario venezolano como el Primer Premio del Ateneo de Guayana -por su romance "Jagüey" (1943)- y el Premio Único del Certamen de Romance Nativista de la Exposición Agropecuaria Nacional -por "Romance para una madre campesina".
J. R. Fernández de Cano.

Fuente: MCNBiografias.com

viernes, 22 de abril de 2016

Roberto Lago, el Señor Guiñol.

Sea este un humilde pero emocionado tributo, un recuerdo que se vuelve evocación, nostalgia eterna por este gran titiritero mexicano, un hombre que hasta sus últimos momentos apostó por su pasión: el teatro de muñecos animados. Indudablemente, una historia que fue y continúa siendo muy brillante...
 

ROBERTO LAGO SALCEDO 
(México, D. F., 22 de abril de 1903 - 9 de noviembre de 1995). 

Roberto Lago con Don Juan Tenorio

Director de los grupos de Teatro Guiñol del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), dramaturgo y poeta, Roberto Lago tuvo su primer contacto con  los títeres -a los que dedicó toda su vida- cuando tomó una navajita y empezó a tallar cabezas de muñecos. 

Fundador del Teatro Guiñol Mexicano, quedó en el grupo dirigido por Germán Cueto (Rin-Rin), que tiempo después quedó bajo su dirección con el nombre de El Nahual; el grupo más representativo del teatro de muñecos de nuestro país, durante la llamada "época de oro del guiñol" (1933-1965)

Personajes del grupo "El Nahual"

Con el resto de sus compañeros, no sólo participaba en la construcción de los personajes, sino que escribía o adaptaba los textos de las obras que representaban. Todas sus piezas dramáticas fueron representadas, por lo que fue uno de los primeros dramaturgos de teatro de títeres de México. Sus obras se distinguen por el deseo de dar a los niños un mensaje implícito, sin moralejas, que se pudiera deducir y que ellos mismos sacaran sus propias conclusiones.

Algunas de las adaptaciones de la literatura universal fueron: Blanca Nieves y los enanitosLa cenicientaColoquio de los pastoresDon Juan TenorioEntremés del mancebo que casó con mujer bravaFablilla del secreto bien guardadoLa caperucita rojaHánsel y GretelLa invernada de los animalesEl médico a palosEl milagro de San Nicolás, y muchas más. Entre sus obras escritas para teatro guiñol se pueden mencionar: Martinillo ¿duermes tú?, basada en una ronda infantil francesa; Prólogo del señor guiñolEl señor guiñol alfabetizadorUn viaje macanudo en globo o una aventura insólita que va a conmover al público, por mencionar sólo algunas, además de haber realizado muchas traducciones, como El cerezo roto (The cherry tree) o Pierre Pathelin. También adaptó al teatro guiñol rondas y bailables, como Las lagarteranas, de la zarzuela El huésped del sevillano o Doñana (ronda a la que el músico Blas Galindo hiciera un arreglo para cuatro voces), dando, así, pie a una importante vena en la estética del teatro guiñol mexicano. Roberto Lago, se sirvió del folklore mexicano en la creación de obras del repertorio de El Nahual. 

Portada de la partitura original de Blas Galindo

Mención aparte merece su argumento para Titeresca, un ballet inspirado en la más pura tradición del teatro popular de títeres, en México, al que le compusiera la música el Maestro Salvador Contreras. La obra es una alegoría de la vida y la muerte, de gran impacto dramático, con música fuerte, sonora, brillante... ¡Una pieza fundamental en el repertorio del teatro de títeres!

También fue un innovador y buscó diferentes formas en el teatro de títeres. Un ejemplo de ello es haber modificado el clásico retablo rectangular del teatro guiñol por un teatrito circular que daba más visibilidad al público. 

Lucrecia González en el teatrillo circular

Siempre inquieto, inició una investigación para encontrar los orígenes del títere en México, ampliando los pocos conocimientos que hasta entonces se tenía sobre el mismo. Escribió dos libros: "Teatro Guiñol Mexicano" y "Títeres Populares Mexicanos".

Su trabajo no sólo se realizó dentro de México. Traspasó las fronteras, al ser el máximo difusor e informador del teatro de títeres de México. En el mundo de los títeres a nivel internacional no existe persona que no conozca o haya oído hablar del maestro Lago y su Hoja del titiritero independiente, un modesto, pero efectivo órgano informativo escrito desde 1982 con la finalidad de comunicar al mundo sobre los títeres en México y viceversa.  El Maestro Roberto Lago dactilografiaba su boletín en una máquina de escribir manual y escribía a mano, en la parte posterior, los destinatarios y las direcciones que enviaba por correo postal. Una obra titánica, sin duda. En el siglo XXI es más rápido y fácil comunicarse. Nunca sabremos lo que las grandes figuras, como Roberto Lago, habrían hecho con Internet. 

Roberto Lago, también es conocido como el Señor Guiñol, personaje creado por él, y presentador de todas sus obras.  

Roberto Lago y su personaje, el Señor Guiñol





lunes, 11 de abril de 2016

Antes de la función...

Una mirada rápida (y chueca) del proceso de armado de nuestro pequeño teatro guiñol o retablo, antes de iniciar una función.



martes, 15 de marzo de 2016

Así lo relató Arqueles Vela.

Ahora les prestamos la nota periodística que Arqueles Vela* publicó en el diario "El Nacional" la mañana siguiente (15 de marzo de 1933) de la primera función del Teatro Guiñol Mexicano.




Encabezado del diario "El Nacional"
15 de marzo de 1933


“EL PRIMER TEATRO PARA NIÑOS”. Por Arqueles Vela.- Un espectáculo de gran trascendencia artística y altos fines didácticos.- Por medio de él se hará una amplia labor educativa en las escuelas del D.F. y Jardines de Niños.- La primera función se efectuó en la plazuela de Mixcalco, con la asistencia del C. Secretario de Educación y otros funcionarios.- 

“Hemos asistido a la representación inaugural del primer teatro para niños. Las anteriores no habían sido sino manifestaciones esporádicas y no una labor coordinada, como la que han llevado a cabo, los señores Leopoldo Méndez, Roberto Lago, Abel Plenn y Graciela Amador, comisionados por la Secretaría de Educación Pública, para realizar un espectáculo infantil, de gran trascendencia, tanto artística y educativa; cualidades esenciales para aportar ese género de reacción pedagógico-cultural, iniciado y desarrollado con tanto éxito en Rusia y Alemania.
Es indudable que este esfuerzo, en el que han colaborado tan fervientemente Lola Velázquez Cueto, el escultor Germán Cueto, Teodoro Méndez, Enrique Assad y Angelina Beloff –en la ideología y en la manufactura de los elementos artísticos que lo han realizado- así, como Elena Huerta Múzquiz- autora de la pieza interpretada, si ha llegado a plasmar de tal intensidad ha sido, precisamente, por la planificación y puesta en práctica de una labor colectiva en la que cada factor inteligente coadyuva a la tendencia, al mecanismo, a la “mise-en-scene” y a la interpretación de un espectáculo verdaderamente para niños.

Muñecos realizados por Enrique Assad y Lola Cueto
para la obra "El Gigante", de Elena Huerta Múzquiz
La primera función efectuada en el teatro construido en Mixcalco 12 y en presencia de los CC. Secretario y Subsecretario de Educación Pública, fue un verdadero acontecimiento. El público, afluente de los “kínder” se familiarizó inmediatamente con uno de los personajes que surgió, premeditado de entre ellos: “Comino” y quien en la pieza teatral, “El Gigante”, de Elena Huerta Múzquiz, es el benjamín de los “actores” –los muñecos fueron realizados por Lola Velázquez Cueto y Enrique Assad- y el que debía conquistar las simpatías del público.- Para realizar este primer “Teatro del Niño”, se consultaron también como elemento primordial, las sugestiones de algunos inspectores de “Kinder”, entre los cuales prestó su valiosa colaboración la señorita Rosaura Zapata. Así, en la creación de nuestro primer espectáculo infantil han contribuido, tanto la parte artística como la educativa. Primero, se representó delante de un grupo reducido de niños y, estudiadas sus impresiones, se fue modificando hasta estilizarla en acción pura y sin ningún problema –condiciones intrínsecas del teatro infantil- dice Vladimir Ivanovich Boyer, su director en Rusia, que pudiera ser otra cosa que un “juego de teatro”. Y he aquí las impresiones recogidas entre los “pequeños espectadores”, 1º. De angustia, al sentir “al héroe”, ante un gigante tan grande, dijo textualmente uno de los chicos. 2º. Interesados en lo que podía acontecer a los personajes. 3º. Una especie de tranquilidad al presenciar el castigo sufrido por el gigante. El pintor Leopoldo Méndez, autor de las decoraciones ha sabido adaptar, a la simplicidad, el mayor efecto plástico; los muñecos con gran carácter, llenos de vivacidad en las manos de sus “co-actores”; la pieza “EL GIGANTE”, ingenua; en fin, el conjunto –realización plástica y dicciónica; características y movilidad de los muñecos- fue muy aplaudido.- Asistieron además del señor licenciado Narciso Bassols, Secretario de Educación Pública, el Subsecretario señor profesor Jesús Silva Herzog, Carlos Chávez, Jefe del Departamento de Bellas Artes, Silvestre Revueltas, Director del Conservatorio Nacional de Música, Profesora Palma Guillén, Jefe del Departamento de Escuelas Secundarias, José Pomar; quienes elogiaron mucho la primera manifestación del Teatro para Niños.

Como el propósito del Teatro del Niño es hacer una labor amplia y educativa, ya se han formado tres grupos más y la semana entrante después que se construyan los teatros portátiles, se iniciará una jira (sic) por las escuelas del Distrito Federal, a fin de llegar a todos los pequeños públicos de los Jardines de Niños, cuyos directores e inspectores que asistieron a las exhibiciones, han hecho grandes elogios de este trabajo y se han interesado porque su radio de acción de extienda y afirme”.- Arqueles Vela.- EL NACIONAL, México, D.F., miércoles 15 de marzo de 1933.

Arqueles Vela




(*) Arqueles Vela nació en Tapachula, Chiapas, el 2 de diciembre de 1899; murió en la ciudad de México el 25 de septiembre de 1977. Escritor, periodista y educador. Profesor normalista, realizó cursos de posgrado en las universidades de Madrid, París, Berlín y Roma (1925-32). Fue profesor de la Escuela Nacional de Maestros (1935) y de la Universidad Nacional Autónoma de México, director de la Escuela Secundaria número 1 y de la Escuela Secundaria Experimental (1939-58), así como profesor y director de la Escuela Normal Superior. Redactor de El Demócrata (1920), secretario de redacción de El Universal Ilustrado(1921), donde publicó la sección "Mientras el mundo gira", con el pseudónimo de Silvestre Paradox. En el mismo periódico se publicó por entregas su primera novela La señorita Etcétera (1922). Director del suplemento dominical de El Nacional (1933). Participó en el programa de cursos radiofónicos de la Secretaría de Educación Pública, promovidos por Agustín Yáñez, y formó los primeros grupos de teatro escolar, junto con Dolores Velázquez, Germán Cueto y Ermilo Abreu Gómez. Participó en la elaboración de los programas de educación artística de la Escuela Nacional de Maestros (1934), fundó las escuelas nocturnas de arte para trabajadores (1935) y los cursos para posgraduados (1936), antecedente de la Escuela Normal Superior. Fue una de las principales figuras del estridentismo. Miembro de la Sociedad Internacional de Críticos de Arte. Maestro en letras ex oficio por la Escuela Normal Superior (1939). En 1949 el gobierno francés lo condecoró con las Palmas Académicas.


viernes, 4 de marzo de 2016

... y el genial Silvestre Revueltas, opinó.

Silvestre Revueltas (1899-1940)


El gran músico no sólo supo situar en su verdadero alcance al teatro guiñol, sino que fue, también, colaborador activo, ya que compuso la partitura inicial –que más tarde ampliaría en España- del “Rin-Rin Renacuajo”; una obrita que aún figura en nuestro repertorio.

En un trozo de papel escribió:


El teatro para niños, como intentan llevarlo a cabo Graciela Amador, Leopoldo Méndez, Germán Cueto y señora y sus colaboradores, es de gran tendencia educativa. Se habla a los niños en su lenguaje propio, de cosas conocidas y al mismo tiempo nuevas por su presentación y propósito. Van adquiriendo insensiblemente y de una manera agradable y divertida una vigorosa ideología, un sentimiento de la justicia y del deber, que millones de aburridas lecciones, y de más aburridos consejos, jamás lograrán obtener”. Silvestre Revueltas

(Archivo de la Colección de Tito y Tita ©)